Era el día del padre y una banda amiga tocaba en Parque Centenario. Hacía años que los seguía, con su estilo metalero y sus cantantes de voces podridas. Por alguna razón, con el correr del tiempo su música había empezado a gustarme en verdad. Tal vez por costumbre. O por evolución del talento de los músicos. Como sea. Ahora, después de casi diez años, entendía lo que tocaban y podía disfrutar uno de sus shows sin problemas y con placer.
Hacía frío y los concurrentes al festival de metal no eran demasiados. Era un grupo menor de gente, todos vestidos de negro alrededor de la pequeña parcela de césped que funcionaba a modo de escenario.
Tocó una banda, después otra y finalmente fue el turno de mis amigos que cerraban la fecha. Ya estaba oscureciendo y el aguante debía ser más sólido que nunca.
Últimos temas. Y las aguas se abrieron. Subiste a cantar de invitado. Todo tatuado. Con tus piercings y tu ropa oscura. Con tus pelos largos y cada centímetro de tu piel visible entintado. Diste una lección de todo eso que durante años había estado intentando entender. Death metal. Hardcore. Lo que sea. Tu presencia era en verdad admirable, hipnotizante.
Bardeaste, saltaste y cantaste. Hasta bailaste. Siempre tan sutil y tan tosco a la vez. Tan bestia.
Bajaste del escenario y en un rapto de inocencia, egocentrismo o pura admiración de algún tipo, me acerqué a vos y te felicité, o algo así. Me pediste un pucho, me mandaste a la concha de mi hermana y me dejaste knock out.
No entendí nada por los próximos cuatro días.
(Sigue en Anomalía II).
VFate finds a way of picking you up when you're down (Superman Y Dark Days - Loaded)

0 comentarios:
Publicar un comentario